EL OBSERVATORIO METEOROLOGICO DE IGUELDO   (08027)

DONOSTIA / SAN SEBASTIÁN

 

 

 

 

 

            La historia del Observatorio de Igueldo arranca el 1 de julio de 1905, pero no es hasta el 7 de noviembre cuando la Diputación de Guipúzcoa decide sostenerlo económicamente. En esas fechas surgen otros observatorios como los de Fabra o del Ebro, pero son astronómicos y sismológicos, no meteorológicos como el donostiarra. Hasta entonces, las únicas referencias a expertos del tiempo que encontramos en periódicos bilbaínos de finales del siglo XIX se refieren a un astrónomo zaragozano, conocido como señor Castillo, que llegaba a hacer pronósticos mensuales y para cada cuarto de luna.

 

            En septiembre de 1882 aparece el primer número del llamado “Boletín Meteorológico” del periódico “El Urumea”. Y en Bizarritz llega a celebrarse en octubre de 1886, el Primer Congreso Internacional de Hidrología y Climatología.

 

JUAN MIGUEL DE ORKOLAGA

 

            Estos prolegómenos dan paso con la llegada del nuevo siglo a nuevos retos. Como el Observatorio de los Agustinos de Gernika, que quería tener un ámbito regional, y que echó a andar a finales de 1898, informando a Bilbo y Donostia del tiempo previsto durante las próximas 24 horas. Pero será un hombre, el Padre Juan Miguel Orkolaga, quien se convierta en el máximo exponente de profesionalidad en cuanto a “modus operandi” y aciertos. Casi se le podía considerar como un auténtico fenómeno de masas y es que no había periódico que no se hiciera eco de sus pronósticos.

 

            Su más grande empresa, su más grande legado, fue, sin duda, la creación del Observatorio de Igueldo, un nacimiento no exento de polémica recogida fielmente en la prensa de la época. Las Diputaciones Guipuzcoana y Vizcaína se negaban en un principio a dar su apoyo económico al proyecto. Además, parece que en un primer momento, la idea era ubicar el observatorio en el Cabo Machichaco, pero realizado el pertinente reconocimiento del terreno, hasta el propio Orkolaga se retractó de su idea primitiva. Por eso el Monte Igueldo fue el lugar definitivo.

 

            La por entonces Corporación provincial de Guipúzcoa parecía tener clara la necesidad de un observatorio que sirviera para “anunciar las alteraciones atmosféricas y prevenir, de esta suerte,  las frecuentes desgracias entre las gentes de la mar de nuestras costas”. El Padre Orkolaga ya llevaba un tiempo haciendo pronósticos y ganándose la gratitud de la Asociación de la Marina Mercante, cuto boletín de Bilbao exclamaba: “¡Cuántas víctimas han evitado sus acertados pronósticos!”.

 

            Las Diputaciones guipuzcoana y vizcaína accedieron por fin al proyecto y a encomendárselo al padre Orkolaga, aunque es cierto que crearon comisiones para que valoraran la validez real de los pronósticos meteorológicos de aquel hombre que, todo hay que decirlo, avisaba del tiempo cuando los cambios del mismo iban a peor. Precisamente fue un 31 de mayo de 1905 cuando fija en el portalón del muelle donostiarra un anuncio de que ése día hará buen tiempo. Era la primera vez.

 

            Por preferir Igueldo a Machichaco y por su condición de “cura” integrista, fueron innumerables las humillaciones y pegas que tuvo que sufrir por parte de periodistas y políticos bilbaínos, e incluso guipuzcoanos, hasta que logró un apoyo económico, muy poco generoso, de la Diputación de Guipúzcoa para montar el Observatorio.

 

            Lo hace, de manera oficial, la Diputación Guipuzcoana, en una sesión el dia 7 de Noviembre. A partir de entonces los partes meteorológicos de quien firmaba como el “Vicario de Zarautz” y al que también se le conocía como el “padre de las borrascas”, se esperaban impacientes en las imprentas de la época. Incluso se cuenta que llegó a entregar partes personalmente en el Palacio de Miramar, al rey Alfonso XIII, gran aficionado a la meteorología.

 

            No fueron tiempos fáciles, ni para el Padre Orkolaga ni para su hermano Pedro quien le sustituyó al frente del observatorio en ausencia del primero durante una larga estancia en tierras mejicanas, donde organizó los servicios de previsión meteorológica de la capital azteca; también por la delicada salud que arrastraba. Eso, y las críticas que debió aguantar en esos primeros años fue minando la salud del vicario de Zarautz.

 

Tanto es así que tuvo que ser una tragedia, la histórica galerna del 12 de agosto de 1912, la que le devolvería su nunca perdido crédito. A pesar de anticiparla con 24 horas de antelación a todos los puertos, desde Galicia hasta Bayona, el aviso de Orkolaga no fue suficiente. Se hundieron 15 lanchas pesqueras de Bermeo, Lekeitio y Elantxobe; perecieron 143 pescadores, 115 de ellos de Bermeo. Pero salvó a muchos cientos más de vidas de quienes no salieron a la mar en aquella jornada marcada por el buen tiempo y que horas después se tornó en mortal.

 

            Es en 1913 cuando en el Observatorio se instala la telegrafía sin hilos; un año que arranca otra vez mas, de forma trágica: doce pescadores ahogados. En el año 1914 corren meses de borrascas; también en el Observatorio: No llegan las predicciones. La razón era sencilla, aunque triste y dolorosa: Juan Miguel de Orkolaga se moría. Una oclusión intestinal pudo con la floja salud que arrastraba desde niño.

 

            A la muerte de Orkolaga y hasta el advenimiento de la Guerra Civil, el Observatorio siguió siendo subvencionado por la diputación donostiarra, cada vez de forma menos reticente y más generosa. Probablemente su director más científicamente cualificado y eficiente fue Don Mariano Doporto, que estaba continuamente al día de lo que en meteorología se publicaba en Europa y Estados Unidos. En tiempos de Doporto se comenzaron a hacer en Igueldo sondeos de altura con ayudas de globos para el estudio de las corrientes de aire de las capas superiores de la atmósfera. El nombre de Mariano Doporto está escrito con mayúsculas en la historia del Observatorio de Igueldo. Natural de Cáceres, en 1927 logra la plaza de director del Centro Meteorológico donostiarra y su carrera profesional discurrió en esta ciudad hasta 1936., año en que hubo de exiliarse. Al iniciarse la contienda bélica se trasladó a Bilbao y luego a Santander; viajó incluso a Valencia, dedicando sus esfuerzos a transmitir los boletines meteorológicos al bando republicano.

 

            Otro nombre propio ligado a la historia de Igueldo fue el de Carlos Santamaría Ansa, que asume la dirección del Centro Meteorológico cuando éste queda encuadrado en el Servicio Meteorológico Nacional. Santamaría dirigió Igueldo durante 40 años, epoca en la que Igueldo quedó controlado por el bando sublevado en la Guerra Civil, bajo control militar durante la contienda y sin dejar de tener ése mismo carácter hasta nada menos que 1976, cuando pasó a depender del Ministerio de Transportes y hoy lo es del de Medio Ambiente.

 

USABIAGA

 

Después llegó a la dirección del Observatorio el recientemente malogrado José Ignacio Alvarez Usabiaga. Otra suerte de hombre para proseguir la ingente labor de quienes le precedieron. Asumió el cargo en 1978, ocho años después de ingresar como Ayudante de Meteorología en el centro de Hondarribia. Cuando se hizo cargo del puesto, no dudó en afirmar que la ciencia que tanto amaba “se encontraba en la prehistoria”. Y él fue uno de los que la sacó de ahí.

 

            A Usabiaga, el Observatorio Meteorológico de Igueldo le debe una cosa, entre muchas. Que las instalaciones no fueran automatizadas. Fue un firme defensor de las manuales, aunque más caras, mucho más fiables. Eso hace que hoy Igueldo, sea uno de los mejores observatorios de Europa, como no tiene reparo en asegurar Margarita Martín, su actual responsable, otra entusiasta de su trabajo al mando de esta nave, en su convencimiento de que el centro no es lo suficientemente reconocido.

 

                                   

           

            Los tiempos han ido cambiando desde el Padre Orkolaga. Sin embargo la finalidad de los observatorios como el que se eleva en el Monte Igueldo siguen siendo los mismos. Hoy, Igueldo, depende del Instituto Nacional de Meteorología y a diario recibe los datos meteorológicos recogidos de las estaciones principales de los aeropuertos de Sondika, Foronda y Hondarribia.

 

 

IGUELDO, UN OBSERVATORIO DESCONOCIDO

Margarita Martín, Directora del CMT en el País Vasco

 

 

 

 

            Aunque casi todos los guipuzcoanos han oído hablar de este Observatorio, muy pocos conocen su verdadera importancia. Es un Observatorio de primera división por varios motivos:

 

·         Por la longitud de su serie climatológica (1928-2005). El Observatorio tomaba datos desde el 1 de julio de 1905, pero todos los datos anteriores a 1928 se han perdido. Si se dispusiera de ellos tendríamos la serie más larga del Estado. Ese privilegio lo ostenta el Observatorio Meteorológico del Ebro, tambien creado en 1905, y que dispone de datos continuos desde 1910. Son dos estaciones meteorológicas completas. Eso quiere decir que miden y registran todas las variables climatológicas.

 

·         La calidad de los datos de Igueldo es excepcional, si se tiene en cuenta que no ha sufrido cambios en su emplazamiento, ni de instrumentación, ni de su entorno. Casi ningún otro observatorio cumple estas condiciones. Además, Igueldo está atentido las 24 horas del día por personal observador profesional. Esto no ocurre en otros observatorios en los que se dspone de personal sólo de día y las observaciones nocturnas de obtienen de las bandas de registro, a a.

 

·         El Observatorio pertenece a la Redes Europeas de Observación Básica, Climatológica y Sinóptica. Cuando se quiere hacer un estudio climatológico serio en el Estado, se recurre a los datos del Observatorio de Igueldo.

 

El Observatorio de Igueldo se ha mantenido, desafiando todos los vaivenes históricos. A esto no ha sido ajeno el hecho de que la mayoría de los observadores habían nacido y crecido al lado del Observatorio y se sentían vinculados a él. Estos observadores han tenido que soportar temporales de lluvia, viento, temperaturas extremas y, a pesar de todo, han realizado la observación. A veces muy arriesgada, por los rayos y fuertes rachas de viento. En ocasiones se han quedado aislados en el Observatorio, sin luz ni calefacción. Durante las décadas del 56 hubieron de recurrir a la caza para poder comer, por que el depósito de hielo alrededor del Observatorio impedía entrar o salir. En estas condiciones nunca dejaron de hacer sus partes y transmitirlos.

 

Los sistemas se han ido perfeccionando. Ahora la automatización es una ayuda para la observación manual, pero también un peligro. La calidad de la observación automática esta muy lejos de la manual, pero es mucho más barata. Los observatorios que quieran conservar la observación manual deben de adaptarse a las circunstancias actuales.

 

 

 

 

 

 

José Luis Pelayo Arce

Observatorio Meteorológico de Igueldo

 


 

Las nubes desde el Observatorio de Igueldo

 

Igueldo, o más bien la Sierra de Igueldo, es un importante cordal, orientado de este a oeste, con elevaciones modestas, que se extiende desde la bellísima Bahía de La Concha (más concretamente desde la Playa de Ondarreta), en San Sebastián, hasta la Ría de Orio.

Jalonado por diversas elevaciones que rompen la línea recta de la sierra, se eleva muy próximo al mar cantábrico del que tan sólo dista apenas dos kilómetros. Visto desde el mar, Igueldo ofrece una impresionante muralla que se eleva hasta cerca de los 300 metros en una de sus cumbres más representativas, el Mendizorrotz.

En uno de los rellanos de esta sierra se emplaza desde el año 1905 el Observatorio Meteorológico y Marítimo de Igueldo, fundado por el P. Juan Miguel de Orkolaga, perteneciente a la red de observatorios principales del Instituto Nacional de Meteorología.

Desde la atalaya que constituye el Observatorio los horizontes se ensanchan permitiendo, en días despejados y calmos, que las vistas hacia la costa abarquen desde el Cabo Machichaco al Cabo Híguer, distinguiéndose a veces la arenosa costa de las Landas francesas.

Hacia el interior puede divisarse buena parte de Guipúzcoa, permitiendo admirar las elevaciones más importantes y representativas de esta provincia vasca: Adarra, Txindoki, Ernio, Andaxta, Txoritoquieta, San Marcos, etc. Incluso las primeras estribaciones de los Pirineos encabezadas por la hermosa silueta del Larhune.

Sin embargo gracias al magnífico emplazamiento del Observatorio, las nubes cobran una especial relevancia. A los temibles temporales cantábricos se les divisa mucho antes de que descarguen su furia contra Igueldo; en dias de viento sur, es éste el que juega con las nubes haciendo que adopten formas  recortadas y definidas. En los dias de calma son magníficas las puestas de sol, en las que se conjugan infinidad de colores, texturas y matices, desde el anaranjado, hasta el rojo fuego teniendo siempre como telón de fondo el azul puro y limpio del cielo norteño.

Las fotografías que se muestran a continuación fueron tomadas entre los intervalos que median a la hora de transmitir los partes meteorológicos. Algunas veces no sin cierto riesgo ya que algunas de ellas están realizadas desde la terraza del observatorio, donde la furia del viento se deja sentir sobremanera.